Puerto Natales, Chile
Qué fin de semana… 😮💨
Gravel del Fuego era una carrera que siempre había mirado de lejos. Mis ojos estaban puestos, sobre todo, en la distancia grande, la de 1.050 kilómetros, y casi sin darme cuenta había dejado fuera del radar las distancias “menores”: 250 y 170 kilómetros. Error. Porque este fin de semana me demostró que acá no hay nada menor. ⚡
Hay varias razones por las que esta carrera llama la atención. La primera es la locación: Puerto Natales, en la Región de Magallanes, la región continental más austral de Chile. Un lugar al que le tengo un cariño y un respeto enormes, porque en esa zona he vivido desafíos que me han marcado profundamente. 🌎❄️
La segunda tiene nombre y apellido: Tito Nazar. Amigo, partner de aventuras y locuras, gaucho de corazón y loco como cabra… de montaña, eso sí. 🤠🔥 Directo, sin pelos en la lengua, y lo suficientemente valiente —o atrevido— como para levantar una carrera así en un lugar tan extremo por su clima, pero tan brutalmente lindo por su naturaleza. 🌬️🏔️
Y después están todos esos detalles que hacen que el panorama sea redondo: un fin de semana con vuelo directo de Santiago a Puerto Natales ✈️, una ciudad con infraestructura hotelera y gastronómica de lujo 🍷🍽️, una ruta que entra nada menos que al Parque Nacional Torres del Paine 🏞️, y una grupeta de amigos que transforma todo en una experiencia todavía mejor. Check, check, check y check ✅✅✅✅
Inicialmente volvía la dupla Canuto-Tagle, pero mi compadre está ad portas de traer al mundo a otra bestia 👶🏻💥, así que hubo cambio de planes. Y qué mejor que llamar a uno de mis partners de la vida: Diego Aguiló. Tremendo ciclista de ruta, y listo para su primera incursión seria en el gravel, nada menos que en 250 kilómetros. También estaban Polito y Max Núñez, preparando con todo el Across Andes 2026, y Sergio Garín, el gran “Americano”, que iba por los 170 kilómetros. 💪🏼🚴🏻
La largada fue a las 7:15 a. m. en la plaza de Puerto Natales, junto a todas las distancias. Solo el amanecer ya justificaba haberse levantado temprano. 🌅 Pero lo que parecía una partida controlada duró poco, porque en el kilómetro 1 ya se había armado la fuga. Ahí nos fuimos Diego, Marce Aravena, Claudio del Pino y yo.
Y desde ese momento se acabó el paseo. 😅
Había que trabajar. Relevos de un minuto, abanicos, orden, foco. Unos verdaderos pro… o al menos eso intentábamos 😂. El viento ya empezaba a hacerse sentir y, a lo lejos, toda la estructura montañosa del Paine aparecía como telón de fondo. 🌬️⛰️
Marcamos el PC1 en Cerro Castillo, kilómetro 60, y desde ahí seguimos rumbo al PC2, ya dentro del Parque Nacional. En ese tramo el clima empezó a mostrar su carácter. O mejor dicho, el viento. Ese viento patagónico que te recuerda a cada rato que aquí nada está regalado. Íbamos avanzando muy bien los cuatro, muy coordinados, como si fuéramos del mismo equipo, pero también se empezó a notar el desgaste. A unos 20 kilómetros del siguiente punto de control, Claudio se cortó, y quedamos tres empujando con la idea de avanzar de la forma más eficiente posible. 🌀
Del PC2 al PC3, honestamente, fue un espectáculo. No había un metro feo. Las Torres apareciendo, el macizo del Paine, el Nordenskjöld, el Sarmiento, el Pehoé, el Toro… una locura. 🤯🏔️🌊 De esos lugares que te hacen sentir muy chico arriba de la bicicleta. Y todo eso acompañado de un viento feroz, en contra, con rachas cercanas a los 55-60 km/h. 🌬️
Después de 6 horas y 30 minutos de carrera, llegamos con Diego y Marce al PC3. Marcamos, cargamos rápido y salimos a buscar los últimos 90 kilómetros. Pero antes todavía quedaba una de las cuestas más duras y largas del recorrido. Sabíamos que después vendría viento a favor y que eso podía ayudar, pero primero había que ganárselo. ⛰️🔥
Y fue justo en esa subida cuando Marce empezó a quedarse. Más tarde supimos que el estómago literalmente le había explotado, y ahí con Diego tomamos una decisión simple: poner la mente en modo meta y seguir pedaleando con lo que quedara. Porque a esa altura, muchas veces, ya no se trata solo de piernas. Se trata de cabeza. De seguir. De insistir. De no soltar. 🧠⚡
El viento de cola finalmente apareció, sí, y ayudó. Pero todavía quedaban repechos cortos, de esos que te van limando de a poco, kilómetro tras kilómetro. Pasamos la Cueva del Milodón y ahí ya se sentía Puerto Natales cerca. Marcamos el PC4 y desde ese punto solo quedaba apretar los dientes. “Diego, pégate, que de aquí nos vamos”, como diría Tito Nazar, “a la gloria”. 🙌🏻🔥
Y así fue.
Después de 10:04 de tiempo total, cruzamos la meta de los 250 kilómetros en uno de los lugares más lindos de la tierra. Primer lugar general y primer lugar en duplas. 🥇🥇
Pero honestamente, el mejor premio fue otro: el fin de semana completo. Los amigos. El lugar. La Patagonia en todo su esplendor. El desafío. Y esa sensación que dejan las carreras buenas, las que después se convierten en historia, en conversación, en anécdota, en recuerdo compartido. ❤️
Y no quiero dejar de agradecer a Specialized Chile por el apoyo 🙏🏻 y por la confianza. La Diverge 4 LTD se portó increíble de principio a fin: firme, rápida, cómoda y lista para aguantar una jornada dura en un lugar tan salvaje como este. 🚴🏻♂️💨🔥
Volvemos sí o sí en 2027.
Y ojalá con una grupeta todavía más grande. 🤝🏼
No hay comentarios.:
Publicar un comentario